domingo, 16 de noviembre de 2008

Despedida

Hoy es domingo, y me aterran los domingos, como a Fó, pero por motivos distintos. Los días como hoy, me he comprometido a subir mis pequeñas inmundicias a los ojos de Exterior y no es tarea banal. No es fácil encontrar un poco de poesía en el vertedero, pero hay teles rotas y tazas del báter de cuando las cañerías eran de plomo, entre otras joyas. Bien, además mi compromiso con las letras es dejarlas secar antes de aventarlas. Por eso quizás, y sólo quizás, dentro de un tiempo ésta será la lápida de localbrain. Los proyectos no son fines en si mismos, sino caminos hacía nuevos proyectos. La pausa es necesaria para que la palabra fluya, para que sedimente el poso del que germinará Futuro. Sin más, os dejo con un poco de silencio tan necesario en la vorágine que nos impele a la hiperactividad no siempre productiva.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Semana #19

Píldora #12

Llego a casa tarde, cansado, subiendo la cuesta veo delante una silueta con una maleta. Se detiene frente a mi puerta. Me detengo y observo su llamada. En mi bolsillo toco las llaves pensando en sacarlas espectacularmente. No lo hago, él se gira confuso y me mira algo extrañado. Yo le nombro, le abrazo. Está más flaco. Se queda mirando mi abrigo: “parece que vienes de Nuevos Ministerios”. Sin darle importancia resumo “hay cosas que han cambiado”. La casa está fría y huele a asepsia. Mi hermano entra en su habitación, un poco más diáfana, menos revuelta. Ha traído los tambores, su alimento sonoro. Yo me desembarazo de todos los objetos que uno carga en el día a día, apago el teléfono y lio un cigarro. Charlamos, afloran las matemáticas en nuestras vidas. Suena el maldito teléfono (varias veces). No hay modo, el mundo exterior ruge.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Semana #18

Píldora #31

Acabo de terminar un curso on-line al filo de la campana. Con él he retomado ese viejo placer de intentar retener todo lo posible de un texto, el nerviosismo antes de examinarme, la sensación en la boca del estómago a la hora de elegir una y no otra de las respuestas y obviamente, en este caso la satisfacción ha sido instantánea al aprobar. Las esperas y viajes por los pasillos de la facultad en busca de las calificaciones parece que son de otro tiempo. Hoy mandan www y 666 - - - - - - Y es que hemos avanzado más de un mundo: máquinas de escribir, máquinas de comunicar, máquinas de pensar, sentimientos maquinarios que no aparecen ni en los diccionarios. Reglamentos, convenios, disposiciones para todo: escríbase esta píldora en diez líneas y léase en diez inhalaciones.

domingo, 19 de octubre de 2008

Semana #17

Píldora #56

Me doy un garbeo por las afueras de mi ser, veo hombres que conducen raudos y derrapantes coches, seguidos de fregonetas con sirenas azules. Los altavoces del mundo claman “Se ha declarado la crisis mundial, han robado los bancos de la felicidad”. Suena un gran estruendo, los coches se han chocado, los billetes verdes y la gasolina avivan el espectacular fuego. Suenan más sirenas; parece que no habrá supervivientes. El presidente escupe su discurso en la red: “La situación es alarmante: deberemos adoptar dolorosas medidas”. El vigilante informa que se prepara un atentado. La viuda gime ante el impulso de la verga del fontanero. La calle grita vendetta, el lujo se vuelve dañino. Los niños comen piedras previendo lo que vendrá. La tormenta se agita. Y el lumpen disfruta del caos organizado.

lunes, 13 de octubre de 2008

Semana #16

Píldora #30

Vengo del otro lado del espejo. Allí era completo y realizado subjetivamente. Aquí me falta un ojo, sólo tengo dos, me sobra una pierna y la lengua no alcanza a pintar ese luminoso paisanaje interior. Deforme como estoy, sólo me quedan dos salidas: la mendicidad o la creatividad, quizás la una tiene tanto de la otra... Mientras el muro sigue sonando en derredor; y es que me cuesta tanto ponerme el mono y hacer sonreír a la guadaña. Parece que lo realmente importante es que la muerte no te pille mientras vivas, me pregunto si lo habré conseguido tan sólo un instante. En cualquier caso, la huida no es hacia atrás ni hacía delante, es a través, a través de la falsa imagen proyectada por ese pedazo deforme de metal que llamamos realidad, que en realidad nos envuelve y nos amolda identificando parecer y ser, espejándonos.

lunes, 6 de octubre de 2008

Semana #15


Píldora #26

A veces, muchas veces, me sorprendo. Me descoloca la gente, pero sobre todo los objetos. Yo no sé a quién se le ocurrió la idea de llamarlos inanimados, si son mucho más activos que nosotros, los humanos: cambian de sitio y de estado de ánimo constantemente, conversan en silencio ante nuestras muecas de incomprensión. Por más que los miro y los miro, no consigo aprehenderlos. Cada instante se me aparecen distintos, mudados, renovados. Por ejemplo ese cuadro ayer estaba tirado por el suelo y hoy cuelga flamante en el centro de la pared. Aquellos libros tampoco recuerdo haberlos visto en esa balda y ni decir del vaso lleno de liquido oscuro o del cigarro, hermano menor de otro cigarro, que reposa en el verde cenicero, ése que en mi memoria era amarillo y cuadrado. O las notas que ahora suenan en el aire. Objetos mudables que hacen mi vida real.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Semana #14


Píldora #25

En la cocina el fuego, en el fuego una olla y en ella la comida de ¿mañana? A mi izquierda un gran yogur con sabor a polisemia y a mi derecha un derivado lácteo de nombre leche desnatada: poca leche, mucho agua y algo de tippex supongo. Y justo enfrente de mí, justo enfrente, estas tú. Mis líneas ven tus ojos clavarse en ellas. Mis tildes miran tus cejas arquearse, y mis comas se miran entre sí tratando de adivinar qué contienen entre medias. Mis puntos, tus respiros.


Mas resulta, que la entonación con la que vienes leyendo me resulta pusilánime, prueba con más sarcasmo. Distánciate como si yo no fuera esa entrega periódica a la que ya te has habituado. Distánciate como si tú no fueras ahora ese caparazón del que has dotado. De nuevo. En la cocina el fuego...

sábado, 20 de septiembre de 2008

Semana #13

Píldora #54

Hay días en que me siento extraño y otros en que soy un extraño entre vosotros, mis mejores amigos, mis mejores textos, mi devenir, mi historia novelada en pequeño soporte de cristal. Hay días, como hoy, en que quiero añadir un nuevo volumen a la familia; y otros, como hoy, en que me siento incapaz más que de yacer en la cama, preguntándome cuándo demonios podré levantarme y salir de esta habitación, abrir la puerta de atrás de Mundo y dejarme caer cuesta abajo en la malla de la existencia entre vosotros, mis mejores amigos, aquellos para los que escribo estas líneas, los guardianes de mi guardia (baja por estas fechas de responsabilidades anidadas). Cada flecha de amor dirigida a un corazón; cada bala de plomo rumbo a su cerebro. Ésta es la práctica de la trasformación.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Semana #12


Píldora revisited

Cuando era niño todo era más fácil, todo eran besos. Pronto llegaron las manos en los hombres y más tarde, en las mujeres. Hubo abrazos también y palmaditas en la espalda. Siendo adolescente, los besos empezaron a cobrar otro sabor y vi como amigos míos unían sus bocas para saludarse no más. Otros repetían tal o cual ritual con las manos, extraído de la televisión. Para mí cada vez era más complicada la ceremonia de introducción, al punto que ha poco tiempo los varones comenzaron a reconocerse con dos besos en las mejillas con alguna muestra masculina de afecto más (siempre variable) Yo amo la pluralidad, germen de ideas, la amo de verás. Pero llegado el momento no se me escurre como dirigirme a unos y otras. Como termine de perder la referencia, no me hago cargo de mi forma de saludar: collejas para todxs.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Semana #11

Píldora #40:

Espacio en blanco de casi una hora. Miro mi cogote y en él siento, caliente, mi propio aliento. Me apetece dormir, mas no encuentro la postura adecuada. Me quedaría quieto murmurando otra eternidad, visionando imágenes hipnagógicas, esperando la próxima generación de sofás. Me turba este sueño, me induce a pensar en extrañas configuraciones de seres junto a mí. Cuando abro los ojos, siempre estoy asustado ante la posibilidad de que en esa fracción de segundo el mundo haya colapsado. Y cada despertar es igual que el anterior, una mezcla de placer y pavor al encontrar todo cómodamente instalado en su sitio, por los años de los años. Entonces azuzo mi mente y la entretengo un rato, pasando las imágenes a un soporte más fácil de manejar. No pinto mis sueños, tan sólo los plasmo en acciones concretas (cuando no me disparan)


Píldora #32

LLego ante la puerta del dentista, no sin pavor ante mi inminente limpieza de boca. Yo sé que es un procedimiento rutinario, pero las cosas se complican en la recepción. He de rellenar tal formulario que ahora saben hasta el nombre de mi perra. Es más, firmo el consentimiento para cualquier tipo de intervención dental o no. Tras una tensa espera, una azafata me conduce al matadero, allí una bata blanca sonríe con cuarentaytantas piezas igualmente blancas, expulsa a la bata verde del lugar y echa el pestillo. Introduce una variada suerte de aparatos indoloros en mi boca que mira al cielo y finalmente cuando acaba, dice que hay que probar la eficacia de la limpieza: sube sobre mí al sillón y comienza a besarme pasando su lengua por mis dientes y muelas. Al poco concluye, este tratamiento son diez mil, si quieres uno completo serán treinta mil. Y yo ya he dado mi conformidad...

domingo, 31 de agosto de 2008

Semana #10


Píldora #44

Me queda media hora de batería, el cerebro me zumba fuerte, la orientación espacial gravita hacia el suelo a ritmo vertiginoso, los ojos apenas si pueden leer estas líneas que estoy escribiendo. No como, no duermo, casi ni defeco, sólo observo el mundo adhiriéndome a él con la insistencia de una ventosa falta de cariño. Y llevo muchas medias horas así, suspendido, aguardando el momento de la total desconexión y de la reparación. Estoy en observación, por ser mi primera vez. Cuando me desmaye, entonces y sólo entonces, me enchufarán a la red y me reconstituirán los iones, podré cantar alto cuando alguien llame, pitar cuando venga el cartero y conectarme a internet u oír música en los ratos muertos, también hacer fotos exóticas con mis 2 megapíxeles.


Píldora #45

Juega España un nuevo partido de cuartos, yo ajeno escribo al frescor de la ventana abierta en la víspera de San Juan. No se oye ni un ruido, España no marca, quizás su rival sí, pero nadie sale a la calle a llorar. Sólo llega hasta mí el sonido lírico de aquella primavera del amor donde no reinventamos, pero si disfrutamos la comuna, nuestro propio gueto social. Nuestra manera de habitar un espacio cerrado sobre si mismo en el que la única huida era la locura. Ahora estoy sólo, la gente me retrotrae a aquel tiempo y me entristece el recuerdo del fracaso de la práctica, aplastada por la fútil teoría de la emancipación. Fracasamos sí, pero lo intentamos, nos plegamos a un orden imponiendo nuestro desorden de horarios y hábitos. Y el sonido de aquella comuna alimenta nuevos sueños, nuevos retos que vivir.

domingo, 24 de agosto de 2008

Semana #9

Píldora #17

Suena el despertador a las siete: una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces en una sola semana. En verano será aún peor, el terror acecha, lo hará a las seis. En la lata subterránea, te fundes con el sudor ajeno hasta que alguien te empuja fuera. Y llegas a por tu pan, bendecido en la muerte de cada día, y borras toda expresividad de tu semblante: vistes y te comportas correctamente. Ves toda esa gente junta, tan separada. Esa asfixiante atmósfera de presión cae sobre ti. Sientes los ojos clavados en tu figura y en tu pantalla. Todos aparentan hacer, todos miran lo que tú haces. El lado bueno es cuando el del cumpleaños trae pasteles y todos celebramos que lo haga, porque lo debe hacer. Somos equipos de trabajo que desayunamos, comemos y fumamos juntos; y al acabar ¡cañas!, para seguir la farsa: jóvenes, dinámicos, proactivos, felizmente estúpidos. El futuro es nuestro: ¡qué bien, otra vez reunión!

domingo, 10 de agosto de 2008

Semana #7


Píldora #47

Recuerdo el tiempo de la infancia con aquellas grandes campanas por cuyos orificios se lanzaban botes y botellas que se rompían en su interior para deleite con el estruendo producido. Cuando la leche aún era leche e iba en botella de vidrio o en bolsa de plástico; el envase de cartón, metalizado por dentro, era un proyecto que auguraba un futuro sin futuro (para la leche y sus afines). Pues bien, dos décadas más tarde, han proliferado una suerte de setas amarillas en las calles. Primero vinieron unas tomadas de la incipiente moda del reciclaje, que la gente llenaba de objetos variopintos y luego prendía fuego. Cuando no eran calcinadas, un camión venía, las vaciaba y se iba en busca de las siguientes. Después, hace cosa de días o semanas han aparecido en masa otras casi extintas, con forma de glande y un orificio para meter cartas de amor. ¡En plena era del gmail!

domingo, 3 de agosto de 2008

Semana #7


NOTA: La emisión puede sufrir cortes esporádicos durante el mes de Agosto.

PILDORÓN

Cambio de rutina, por rutina he venido a una ciudad que no es la mía, donde mía significa exactamente eso: nada. Espero ante la puerta 33 a que alguien me abra la cama, en vano. Me desespero y me introduzco en territorios extraños, un editor de texto que no es el usual, un contador de segundos que explicita el costo de escribir, una llamada al móvil que anuncia una nueva llamada. Y es que he detectado que mis textos en papel se los lleva el viento, por eso me refugio en el calor maquinario del ventilador que me dicta en cada ráfaga la nueva palabra a imprimir, el nuevo giro a buscar en este casillero postal donde el absurdo se viste a si mismo para quedar completamente desnudo ante la mirada impasible de enfrente: ese espectador pulcro e inexorable que se calza la toga y golpea con el martillo la hoz que ha de segar mi yugular. No suena la música, tan sólo las teclas de los autómatas de al lado chateando con no se qué chica virtualmente distante de ser suya, donde suya significa exactamente eso: nada. La pulcritud e higiene en la escritura son la antesala de la propia escritura. El ocio, la creatividad y la pasión son la propia escritura, distendida, sin pretensiones, veraz, a veces locuaz, otras más tímida.
Impulsos eléctricos moviendo carne y hueso, poniendo en funcionamiento algo tan simplemente complejo como es este pildorón, primo veraniego del polvorón, que reclama un frappé y un chigarraki para volver a ver, para sentirse bien, para narrar hacia delante lo que necesariamente es del atrás. Siempre lo ya vivido, casi siempre lo ya pensado, pocas veces algo interesante, nunca nada radicalmente nuevo, tan sólo la simiente para que Pulgarcito sepa encontrar mañana el camino de ida. La vuelta es una falacia, ya que atrás no puede existir adelante. Siempre vamos, mas nunca volvemos, toda nuestra existencia se propaga inexorablemente adelante donde recolectamos los frutos del ayer que vamos aprendiendo lección a elección. Importante, en suma, es la propiedad de la acción, nuestra significa exactamente eso: elegida.


domingo, 27 de julio de 2008

Semana #6


Píldora #4

Dentro de casa, los leños crepitan en la chimenea. Fuera llueve intensamente. Para mí, son gotas de palabras ensuciando el límpido folio en blanco. Truenan las ideas. Relampaguean vigorosas las asociaciones, que van a nutrir este texto. Esta aproximación al vacío torna lo blanco en negro haciendo su contraste resaltable: cromáticamente y de algún modo más, me empeño. El papel viene y va. Viene de los árboles, lo manchamos, lo propagamos y él, por sí mismo, se va a morir a cualquier papelera, sea de reciclaje o no. Pero algunas ideas quedan. Al menos a mí se me quedan. De ellas me nutro, sobre ellas trabajo. Sirven para ensuciar más celulosa virtual o vegetal en el camino de la poesía o de la narrativa; de la belleza, del dolor o de una idea deslumbrante: me recuerda que ya acabó la tormenta allá afuera. Voy a salir… Ahora recojo letras de palabras de los charcos y las hilvano para poner FIN

Píldora #21

Abro la puerta de la oficina a las 10:30, allí mi jefe sentado sobre mi mesa mirando su reloj “LLega ud. tarde, muy tarde, Gutiérrez” “Pero si aquí no hay hora de entrada (y menos de salida)” Le alargo el justificante de los análisis “Tome, el recibo del médico” “¿Cómo? ¿Qué médico? Hace dos meses y medio, cuando le contratamos, pasó el reconocimiento en plena forma” “Mentí en mi curriculum” “Eso le puede costar muy caro. Le recuerdo que está en periodo de prueba” “¿Y qué pruebo, la silla y la cafetera? Ud. me paga poco por aburrirme mucho durante doce horas y eso es vil y ruin, consagra mi inutilidad hasta convertirme en un mueble más” El sr Tirado se pone rojo de ira y se yergue en su metro noventa “Queda ud. despedido” “Al fin un poco de dignidad”



domingo, 20 de julio de 2008

Semana #5

Píldora #36

Son menos cincuenta, queda poco para subir la cuesta, entrar en el túnel y salir en otro lugar: fin de semana activo (se está volviendo ritual) de piscina bajo la lluvia, de césped bajo el rock & roll, de una noche cuyas estrellas brillantes se unirán en una cópula brutal con el cielo encapotado, mostrándole su verdadera dimensión: el placer, el gozo, la experimentación, motor de aprendizaje que nutre nuestro imaginario grupal, nuestro surrealismo local hecho de imágenes, hechas palabras, hechas imágenes que se volverán palabras en el intelecto de aquel que reside enfrente. El placer por el placer tantas veces denostado, se troca hoy superación de nuestra angustia vital. La sola idea de las gotas del mar cayendo sobre la superficie de la piscina y nuestros cuerpos desnudos descubriéndose en ella, me pone a gozar. Tan sólo quedan cincuenta minutos para empezar a vivir…

Píldora #28

Hay en este mundo un curioso aparato que permite comunicar mundos distantes: el teléfono. LLamo a un móvil para preguntar por unas cajoneras de segunda mano y una voz femenina me indica que están en Pozuelo. Yo las imagino expuestas sobre la tierra de un chalet, tal y como solían estar los 600 viejos en el de mi tío. Pregunto precio y características: son de haya, de entre 20 y 30 euros. Me llamará ella para cerrar detalles. Ya veo mi estudio con su nuevo mueble y todos los papeles por fin accesibles y ordenados a mi manera. Al rato suena mi móvil, es Victoria, las cajoneras están en un parque empresarial, son 50 eurazos cada y del haya sólo queda el frontal: son jodidamente grises e impersonales. Aquel chalet de mi infancia, tenía piscina para el verano. En su recuerdo me sumerjo, mientras sobrellevo la inseparable distancia del teléfono.

domingo, 13 de julio de 2008

Semana #4


Píldora #18

Sábado de madrugada, mi momento favorito para escribir: alarga la noche y araña presencia al domingo. La casa está en orden, mi desorden, la música inunda el espacio a raudales. Afuera no hace frío, pero policía y bomberos patrullan las calles en busca de no sequé nuevo incidente. Dentro la tranquilidad del hogar adereza mi vivencia y yo se lo agradezco componiendo estas diez líneas. Desde esa tranquilidad se escribe, no se como escribirlo, más tranquilo quizás. Más dentro de mí se nota el cansancio, pero eso no atenaza el pensamiento, sólo lo ralentiza. Invita a fundirse con la cama hasta que mañana, por fin, no suene el despertador, no haya desayuno, ni hora de comer. Los domingos están hechos de pereza. Yo ni lavo el coche, ni voy al cine desde la última vez, y de eso hace ya algún tiempo. Mas ahora es tiempo de soñar.


Píldora #33

Jamás entendí a los mayores después de cenar, observando el pronóstico del tiempo. Ni le veía la utilidad, ni comprendía el significado de lo que allí se decía. Ni siquiera aquel verano en la cornisa cantábrica, cuando el dueño de una tienda-bar describía sol y nubes como mañana huevos fritos otra vez. Cuando fui entendiendo que era eso de las isobaras, la fuerza cuatro y toda la parafernalia, podía recibir la información meteorológica, pero al acabar no me acordaba de media palabra. Así que adopté este criterio: el año meteorológico comienza el primer día que uno ve un tirante, ahí nos quitamos capas (hasta llegar a la piel). La lluvia cae de forma aleatoria, por eso todos los días antes de salir de casa, se saca la mano por la ventana (para ver si llueve) Y cuando empiezas a pasar frio de noche, es síntoma del cambio de ciclo: capas otra vez.

domingo, 6 de julio de 2008

Semana #3


Píldora #35

Hay quienes para relajarse se dan una ducha, preparan una tila, se plantan delante de la tele o cogen un “buen” libro. Yo desbordado por mi frenesí, preparo té y me pongo a teclear delante de una pantalla con el claro objetivo de ir bajando pulsaciones una a una, de dejar marchar lo que no es mío. Tras cada tecla, cada palabra, noto como mi pensamiento se ralentiza, se aclara. Entonces doy un sorbo al té y preparo el siguiente enfoque, la próxima estructura que veré frente a mí. Borro, repinto, sigo elaborando un texto más: una nueva y vieja cadena que me une a mi mismo. E indefectiblemente a estas alturas de escrito, el papel da un giro sobre sí mismo e imprime un estilo diferente a la pluma. Pero a mí ya no me importa, mi objetivo está conseguido. Listo para fluir hacía delante sin la carga de esa velocidad corolaria de la modernidad.


Píldora #22

Estos días, mis amaneceres resultan un poco revueltos. En primera convocatoria me estoy despertando a las cuatro o las cinco de la madrugada. La segunda es a las siete y cuarto y no es hasta que suena la tercera, diez minutos después, que me levanto de la cama. Y a partir de ahí se borra todo, no recuerdo en que he mojado los croissants, ni si he frito el pollo ayer, hoy o mañana; nada, no quedan imágenes de ese doloroso periodo que es siempre prepararse para el trabajo. Pero mágicamente, al trascurrir el día, a medida que voy invocando a los objetos, todos acuden desde su sitio habitual en mi ayuda: un libro para el metro, el pendrive, el almuerzo (¡ya guisado!), incluso las llaves que abren mi morada marcando el inicio del, corto, tiempo de vida (cocinar y retocar la casa, a mi manera) Ya de noche, a veces sueño con tal o cual amanecer, luego amanezco y luego .

domingo, 29 de junio de 2008

SEMANA #2


Píldora #19

Me quedo parado, en blanco, con la vista fija en la pantalla. Pienso, quiero escribir algo, unas pocas líneas. El reloj avanza, pero eso no me amedrenta. La prisa mata, yo ya no la invito a bailar conmigo (es muy posesiva) Siempre que puedo dejo a las tareas que se desgranen, que se vayan hilvanado sobre el tiempo, que avanza inexorable envejeciendo los dedos que teclean, cargando con el fardo de la historia al cerebro que toma decisiones. Somos seres inscritos en un tiempo: nacemos, vivimos y morimos. Por ello es tan sabroso pararse a no hacer nada, a perder ese tiempo tan escaso y valioso. Dormir, descansar y aguardar agazapados al momento de la acción. Frente a la vorágine que toma las decisiones bajo stress y en tiempos críticos, frente a eso, el lienzo en blanco que se acaba tiñendo con motas negras, si le dejas…

Píldora #13

Esta mañana un compañero de trabajo ha muerto. Le llamaría para ver cómo está, pero además de no tener su número, está muerto. Todos temimos por quién iba a hacer ahora su labor, mas la jefatura lo dejó cual guadaña en el aire. De momento yo sigo escribiendo, oreando mi pensamiento, buscando divertimiento. Sé que llegará un día en que el muerto vuelva por su asiento, y si no es él será otro. Se (re)abrirá la relación: compartir teléfono, mesa y mantel, charlar de cosas banales o de asuntos técnicos, preguntándonos por qué, si los dos hacemos lo mismo, uno gana menos y el otro gasta más. Ya conocen el dicho: nadie es imprescindible, parece que todo es efímero. Sin embargo los años suceden a los días y, en ese devenir, la cara del que calienta el asiento de al lado, tantas veces denostada, se nos vuelve familiar, hasta tiene un nombre: Gonzalo.

domingo, 22 de junio de 2008

Semana #1

Píldora # 20

Es primavera, pero hoy no llueve. Es más, el sol radiante augura un pronto arranque de la temporada de tirantes. Yo camino desnudo sobre la tierra, observando, mimetizándome con los alrededores. Mis pies entran en contacto con la yerba fresca, en la que decido reposar. Me siento a pensar y alguien me trae una taza de java caliente. De fondo suena la música de una de tantas emisoras de radio que yo no he sintonizado. La gente pasa distraída, ensimismada en sus conversaciones o degustando manjares. No me molestan y parece que tampoco yo a ellos. Me abstraigo a mi mundo. Pronto veo mis ideas hechas palabras sobre jirones de nubes, me enderezo y voy tomando de aquí y allá hasta conseguir un pensamiento ordenado, escrito un palmo por encima de mi cabeza en la materia de los sueños, un sueño materializado.


Píldora #5

Me levanto dormido, enciendo el móvil. El móvil sigue dormido. Trato de nuevo, en vano, de encenderlo presionándole: ¡no! ¡no! De repente, él solo amanece, se ilumina y escupe un sms con una mezcla de palabras en francés, inglés, sánscrito y árabe clásico. Descubro que en realidad es un mms y uso el protocolo wap para conectarme, a través de mi obsoleto terminal, a la red mundial. Allí chino, danés y arameo. Efectivamente, por lo poco que entiendo, parece una carta dirigida a mí. Cuando la termino, descubro, con esperanza, la posibilidad de leerla en esperanto. ¡Broma pesada! mi operador me invita (solo este mes) al plan renove: cambiar de móvil antes de que éste se muera del todo. No tengo ni paciencia, ni ganas de aprender a manejar un nuevo aparato más. Así que desayuno, me visto, me echo mi viejo teléfono al viejo bolsillo y salgo a Babel.