Píldora #18 Sábado de madrugada, mi momento favorito para escribir: alarga la noche y araña presencia al domingo. La casa está en orden, mi desorden, la música inunda el espacio a raudales. Afuera no hace frío, pero policía y bomberos patrullan las calles en busca de no sequé nuevo incidente. Dentro la tranquilidad del hogar adereza mi vivencia y yo se lo agradezco componiendo estas diez líneas. Desde esa tranquilidad se escribe, no se como escribirlo, más tranquilo quizás. Más dentro de mí se nota el cansancio, pero eso no atenaza el pensamiento, sólo lo ralentiza. Invita a fundirse con la cama hasta que mañana, por fin, no suene el despertador, no haya desayuno, ni hora de comer. Los domingos están hechos de pereza. Yo ni lavo el coche, ni voy al cine desde la última vez, y de eso hace ya algún tiempo. Mas ahora es tiempo de soñar.
Píldora #33
Jamás entendí a los mayores después de cenar, observando el pronóstico del tiempo. Ni le veía la utilidad, ni comprendía el significado de lo que allí se decía. Ni siquiera aquel verano en la cornisa cantábrica, cuando el dueño de una tienda-bar describía sol y nubes como mañana huevos fritos otra vez. Cuando fui entendiendo que era eso de las isobaras, la fuerza cuatro y toda la parafernalia, podía recibir la información meteorológica, pero al acabar no me acordaba de media palabra. Así que adopté este criterio: el año meteorológico comienza el primer día que uno ve un tirante, ahí nos quitamos capas (hasta llegar a la piel). La lluvia cae de forma aleatoria, por eso todos los días antes de salir de casa, se saca la mano por la ventana (para ver si llueve) Y cuando empiezas a pasar frio de noche, es síntoma del cambio de ciclo: capas otra vez.
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