Píldora #4
Dentro de casa, los leños crepitan en la chimenea. Fuera llueve intensamente. Para mí, son gotas de palabras ensuciando el límpido folio en blanco. Truenan las ideas. Relampaguean vigorosas las asociaciones, que van a nutrir este texto. Esta aproximación al vacío torna lo blanco en negro haciendo su contraste resaltable: cromáticamente y de algún modo más, me empeño. El papel viene y va. Viene de los árboles, lo manchamos, lo propagamos y él, por sí mismo, se va a morir a cualquier papelera, sea de reciclaje o no. Pero algunas ideas quedan. Al menos a mí se me quedan. De ellas me nutro, sobre ellas trabajo. Sirven para ensuciar más celulosa virtual o vegetal en el camino de la poesía o de la narrativa; de la belleza, del dolor o de una idea deslumbrante: me recuerda que ya acabó la tormenta allá afuera. Voy a salir… Ahora recojo letras de palabras de los charcos y las hilvano para poner FIN
Píldora #21
Abro la puerta de la oficina a las 10:30, allí mi jefe sentado sobre mi mesa mirando su reloj “LLega ud. tarde, muy tarde, Gutiérrez” “Pero si aquí no hay hora de entrada (y menos de salida)” Le alargo el justificante de los análisis “Tome, el recibo del médico” “¿Cómo? ¿Qué médico? Hace dos meses y medio, cuando le contratamos, pasó el reconocimiento en plena forma” “Mentí en mi curriculum” “Eso le puede costar muy caro. Le recuerdo que está en periodo de prueba” “¿Y qué pruebo, la silla y la cafetera? Ud. me paga poco por aburrirme mucho durante doce horas y eso es vil y ruin, consagra mi inutilidad hasta convertirme en un mueble más” El sr Tirado se pone rojo de ira y se yergue en su metro noventa “Queda ud. despedido” “Al fin un poco de dignidad”
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