Píldora #36
Son menos cincuenta, queda poco para subir la cuesta, entrar en el túnel y salir en otro lugar: fin de semana activo (se está volviendo ritual) de piscina bajo la lluvia, de césped bajo el rock & roll, de una noche cuyas estrellas brillantes se unirán en una cópula brutal con el cielo encapotado, mostrándole su verdadera dimensión: el placer, el gozo, la experimentación, motor de aprendizaje que nutre nuestro imaginario grupal, nuestro surrealismo local hecho de imágenes, hechas palabras, hechas imágenes que se volverán palabras en el intelecto de aquel que reside enfrente. El placer por el placer tantas veces denostado, se troca hoy superación de nuestra angustia vital. La sola idea de las gotas del mar cayendo sobre la superficie de la piscina y nuestros cuerpos desnudos descubriéndose en ella, me pone a gozar. Tan sólo quedan cincuenta minutos para empezar a vivir…
Píldora #28
Hay en este mundo un curioso aparato que permite comunicar mundos distantes: el teléfono. LLamo a un móvil para preguntar por unas cajoneras de segunda mano y una voz femenina me indica que están en Pozuelo. Yo las imagino expuestas sobre la tierra de un chalet, tal y como solían estar los 600 viejos en el de mi tío. Pregunto precio y características: son de haya, de entre 20 y 30 euros. Me llamará ella para cerrar detalles. Ya veo mi estudio con su nuevo mueble y todos los papeles por fin accesibles y ordenados a mi manera. Al rato suena mi móvil, es Victoria, las cajoneras están en un parque empresarial, son 50 eurazos cada y del haya sólo queda el frontal: son jodidamente grises e impersonales. Aquel chalet de mi infancia, tenía piscina para el verano. En su recuerdo me sumerjo, mientras sobrellevo la inseparable distancia del teléfono.