domingo, 29 de junio de 2008

SEMANA #2


Píldora #19

Me quedo parado, en blanco, con la vista fija en la pantalla. Pienso, quiero escribir algo, unas pocas líneas. El reloj avanza, pero eso no me amedrenta. La prisa mata, yo ya no la invito a bailar conmigo (es muy posesiva) Siempre que puedo dejo a las tareas que se desgranen, que se vayan hilvanado sobre el tiempo, que avanza inexorable envejeciendo los dedos que teclean, cargando con el fardo de la historia al cerebro que toma decisiones. Somos seres inscritos en un tiempo: nacemos, vivimos y morimos. Por ello es tan sabroso pararse a no hacer nada, a perder ese tiempo tan escaso y valioso. Dormir, descansar y aguardar agazapados al momento de la acción. Frente a la vorágine que toma las decisiones bajo stress y en tiempos críticos, frente a eso, el lienzo en blanco que se acaba tiñendo con motas negras, si le dejas…

Píldora #13

Esta mañana un compañero de trabajo ha muerto. Le llamaría para ver cómo está, pero además de no tener su número, está muerto. Todos temimos por quién iba a hacer ahora su labor, mas la jefatura lo dejó cual guadaña en el aire. De momento yo sigo escribiendo, oreando mi pensamiento, buscando divertimiento. Sé que llegará un día en que el muerto vuelva por su asiento, y si no es él será otro. Se (re)abrirá la relación: compartir teléfono, mesa y mantel, charlar de cosas banales o de asuntos técnicos, preguntándonos por qué, si los dos hacemos lo mismo, uno gana menos y el otro gasta más. Ya conocen el dicho: nadie es imprescindible, parece que todo es efímero. Sin embargo los años suceden a los días y, en ese devenir, la cara del que calienta el asiento de al lado, tantas veces denostada, se nos vuelve familiar, hasta tiene un nombre: Gonzalo.