domingo, 31 de agosto de 2008

Semana #10


Píldora #44

Me queda media hora de batería, el cerebro me zumba fuerte, la orientación espacial gravita hacia el suelo a ritmo vertiginoso, los ojos apenas si pueden leer estas líneas que estoy escribiendo. No como, no duermo, casi ni defeco, sólo observo el mundo adhiriéndome a él con la insistencia de una ventosa falta de cariño. Y llevo muchas medias horas así, suspendido, aguardando el momento de la total desconexión y de la reparación. Estoy en observación, por ser mi primera vez. Cuando me desmaye, entonces y sólo entonces, me enchufarán a la red y me reconstituirán los iones, podré cantar alto cuando alguien llame, pitar cuando venga el cartero y conectarme a internet u oír música en los ratos muertos, también hacer fotos exóticas con mis 2 megapíxeles.


Píldora #45

Juega España un nuevo partido de cuartos, yo ajeno escribo al frescor de la ventana abierta en la víspera de San Juan. No se oye ni un ruido, España no marca, quizás su rival sí, pero nadie sale a la calle a llorar. Sólo llega hasta mí el sonido lírico de aquella primavera del amor donde no reinventamos, pero si disfrutamos la comuna, nuestro propio gueto social. Nuestra manera de habitar un espacio cerrado sobre si mismo en el que la única huida era la locura. Ahora estoy sólo, la gente me retrotrae a aquel tiempo y me entristece el recuerdo del fracaso de la práctica, aplastada por la fútil teoría de la emancipación. Fracasamos sí, pero lo intentamos, nos plegamos a un orden imponiendo nuestro desorden de horarios y hábitos. Y el sonido de aquella comuna alimenta nuevos sueños, nuevos retos que vivir.

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