Píldora #40:
Espacio en blanco de casi una hora. Miro mi cogote y en él siento, caliente, mi propio aliento. Me apetece dormir, mas no encuentro la postura adecuada. Me quedaría quieto murmurando otra eternidad, visionando imágenes hipnagógicas, esperando la próxima generación de sofás. Me turba este sueño, me induce a pensar en extrañas configuraciones de seres junto a mí. Cuando abro los ojos, siempre estoy asustado ante la posibilidad de que en esa fracción de segundo el mundo haya colapsado. Y cada despertar es igual que el anterior, una mezcla de placer y pavor al encontrar todo cómodamente instalado en su sitio, por los años de los años. Entonces azuzo mi mente y la entretengo un rato, pasando las imágenes a un soporte más fácil de manejar. No pinto mis sueños, tan sólo los plasmo en acciones concretas (cuando no me disparan)
Píldora #32
LLego ante la puerta del dentista, no sin pavor ante mi inminente limpieza de boca. Yo sé que es un procedimiento rutinario, pero las cosas se complican en la recepción. He de rellenar tal formulario que ahora saben hasta el nombre de mi perra. Es más, firmo el consentimiento para cualquier tipo de intervención dental o no. Tras una tensa espera, una azafata me conduce al matadero, allí una bata blanca sonríe con cuarentaytantas piezas igualmente blancas, expulsa a la bata verde del lugar y echa el pestillo. Introduce una variada suerte de aparatos indoloros en mi boca que mira al cielo y finalmente cuando acaba, dice que hay que probar la eficacia de la limpieza: sube sobre mí al sillón y comienza a besarme pasando su lengua por mis dientes y muelas. Al poco concluye, este tratamiento son diez mil, si quieres uno completo serán treinta mil. Y yo ya he dado mi conformidad...