domingo, 10 de agosto de 2008

Semana #7


Píldora #47

Recuerdo el tiempo de la infancia con aquellas grandes campanas por cuyos orificios se lanzaban botes y botellas que se rompían en su interior para deleite con el estruendo producido. Cuando la leche aún era leche e iba en botella de vidrio o en bolsa de plástico; el envase de cartón, metalizado por dentro, era un proyecto que auguraba un futuro sin futuro (para la leche y sus afines). Pues bien, dos décadas más tarde, han proliferado una suerte de setas amarillas en las calles. Primero vinieron unas tomadas de la incipiente moda del reciclaje, que la gente llenaba de objetos variopintos y luego prendía fuego. Cuando no eran calcinadas, un camión venía, las vaciaba y se iba en busca de las siguientes. Después, hace cosa de días o semanas han aparecido en masa otras casi extintas, con forma de glande y un orificio para meter cartas de amor. ¡En plena era del gmail!