lunes, 6 de octubre de 2008

Semana #15


Píldora #26

A veces, muchas veces, me sorprendo. Me descoloca la gente, pero sobre todo los objetos. Yo no sé a quién se le ocurrió la idea de llamarlos inanimados, si son mucho más activos que nosotros, los humanos: cambian de sitio y de estado de ánimo constantemente, conversan en silencio ante nuestras muecas de incomprensión. Por más que los miro y los miro, no consigo aprehenderlos. Cada instante se me aparecen distintos, mudados, renovados. Por ejemplo ese cuadro ayer estaba tirado por el suelo y hoy cuelga flamante en el centro de la pared. Aquellos libros tampoco recuerdo haberlos visto en esa balda y ni decir del vaso lleno de liquido oscuro o del cigarro, hermano menor de otro cigarro, que reposa en el verde cenicero, ése que en mi memoria era amarillo y cuadrado. O las notas que ahora suenan en el aire. Objetos mudables que hacen mi vida real.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Semana #14


Píldora #25

En la cocina el fuego, en el fuego una olla y en ella la comida de ¿mañana? A mi izquierda un gran yogur con sabor a polisemia y a mi derecha un derivado lácteo de nombre leche desnatada: poca leche, mucho agua y algo de tippex supongo. Y justo enfrente de mí, justo enfrente, estas tú. Mis líneas ven tus ojos clavarse en ellas. Mis tildes miran tus cejas arquearse, y mis comas se miran entre sí tratando de adivinar qué contienen entre medias. Mis puntos, tus respiros.


Mas resulta, que la entonación con la que vienes leyendo me resulta pusilánime, prueba con más sarcasmo. Distánciate como si yo no fuera esa entrega periódica a la que ya te has habituado. Distánciate como si tú no fueras ahora ese caparazón del que has dotado. De nuevo. En la cocina el fuego...

sábado, 20 de septiembre de 2008

Semana #13

Píldora #54

Hay días en que me siento extraño y otros en que soy un extraño entre vosotros, mis mejores amigos, mis mejores textos, mi devenir, mi historia novelada en pequeño soporte de cristal. Hay días, como hoy, en que quiero añadir un nuevo volumen a la familia; y otros, como hoy, en que me siento incapaz más que de yacer en la cama, preguntándome cuándo demonios podré levantarme y salir de esta habitación, abrir la puerta de atrás de Mundo y dejarme caer cuesta abajo en la malla de la existencia entre vosotros, mis mejores amigos, aquellos para los que escribo estas líneas, los guardianes de mi guardia (baja por estas fechas de responsabilidades anidadas). Cada flecha de amor dirigida a un corazón; cada bala de plomo rumbo a su cerebro. Ésta es la práctica de la trasformación.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Semana #12


Píldora revisited

Cuando era niño todo era más fácil, todo eran besos. Pronto llegaron las manos en los hombres y más tarde, en las mujeres. Hubo abrazos también y palmaditas en la espalda. Siendo adolescente, los besos empezaron a cobrar otro sabor y vi como amigos míos unían sus bocas para saludarse no más. Otros repetían tal o cual ritual con las manos, extraído de la televisión. Para mí cada vez era más complicada la ceremonia de introducción, al punto que ha poco tiempo los varones comenzaron a reconocerse con dos besos en las mejillas con alguna muestra masculina de afecto más (siempre variable) Yo amo la pluralidad, germen de ideas, la amo de verás. Pero llegado el momento no se me escurre como dirigirme a unos y otras. Como termine de perder la referencia, no me hago cargo de mi forma de saludar: collejas para todxs.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Semana #11

Píldora #40:

Espacio en blanco de casi una hora. Miro mi cogote y en él siento, caliente, mi propio aliento. Me apetece dormir, mas no encuentro la postura adecuada. Me quedaría quieto murmurando otra eternidad, visionando imágenes hipnagógicas, esperando la próxima generación de sofás. Me turba este sueño, me induce a pensar en extrañas configuraciones de seres junto a mí. Cuando abro los ojos, siempre estoy asustado ante la posibilidad de que en esa fracción de segundo el mundo haya colapsado. Y cada despertar es igual que el anterior, una mezcla de placer y pavor al encontrar todo cómodamente instalado en su sitio, por los años de los años. Entonces azuzo mi mente y la entretengo un rato, pasando las imágenes a un soporte más fácil de manejar. No pinto mis sueños, tan sólo los plasmo en acciones concretas (cuando no me disparan)


Píldora #32

LLego ante la puerta del dentista, no sin pavor ante mi inminente limpieza de boca. Yo sé que es un procedimiento rutinario, pero las cosas se complican en la recepción. He de rellenar tal formulario que ahora saben hasta el nombre de mi perra. Es más, firmo el consentimiento para cualquier tipo de intervención dental o no. Tras una tensa espera, una azafata me conduce al matadero, allí una bata blanca sonríe con cuarentaytantas piezas igualmente blancas, expulsa a la bata verde del lugar y echa el pestillo. Introduce una variada suerte de aparatos indoloros en mi boca que mira al cielo y finalmente cuando acaba, dice que hay que probar la eficacia de la limpieza: sube sobre mí al sillón y comienza a besarme pasando su lengua por mis dientes y muelas. Al poco concluye, este tratamiento son diez mil, si quieres uno completo serán treinta mil. Y yo ya he dado mi conformidad...

domingo, 31 de agosto de 2008

Semana #10


Píldora #44

Me queda media hora de batería, el cerebro me zumba fuerte, la orientación espacial gravita hacia el suelo a ritmo vertiginoso, los ojos apenas si pueden leer estas líneas que estoy escribiendo. No como, no duermo, casi ni defeco, sólo observo el mundo adhiriéndome a él con la insistencia de una ventosa falta de cariño. Y llevo muchas medias horas así, suspendido, aguardando el momento de la total desconexión y de la reparación. Estoy en observación, por ser mi primera vez. Cuando me desmaye, entonces y sólo entonces, me enchufarán a la red y me reconstituirán los iones, podré cantar alto cuando alguien llame, pitar cuando venga el cartero y conectarme a internet u oír música en los ratos muertos, también hacer fotos exóticas con mis 2 megapíxeles.


Píldora #45

Juega España un nuevo partido de cuartos, yo ajeno escribo al frescor de la ventana abierta en la víspera de San Juan. No se oye ni un ruido, España no marca, quizás su rival sí, pero nadie sale a la calle a llorar. Sólo llega hasta mí el sonido lírico de aquella primavera del amor donde no reinventamos, pero si disfrutamos la comuna, nuestro propio gueto social. Nuestra manera de habitar un espacio cerrado sobre si mismo en el que la única huida era la locura. Ahora estoy sólo, la gente me retrotrae a aquel tiempo y me entristece el recuerdo del fracaso de la práctica, aplastada por la fútil teoría de la emancipación. Fracasamos sí, pero lo intentamos, nos plegamos a un orden imponiendo nuestro desorden de horarios y hábitos. Y el sonido de aquella comuna alimenta nuevos sueños, nuevos retos que vivir.

domingo, 24 de agosto de 2008

Semana #9

Píldora #17

Suena el despertador a las siete: una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces en una sola semana. En verano será aún peor, el terror acecha, lo hará a las seis. En la lata subterránea, te fundes con el sudor ajeno hasta que alguien te empuja fuera. Y llegas a por tu pan, bendecido en la muerte de cada día, y borras toda expresividad de tu semblante: vistes y te comportas correctamente. Ves toda esa gente junta, tan separada. Esa asfixiante atmósfera de presión cae sobre ti. Sientes los ojos clavados en tu figura y en tu pantalla. Todos aparentan hacer, todos miran lo que tú haces. El lado bueno es cuando el del cumpleaños trae pasteles y todos celebramos que lo haga, porque lo debe hacer. Somos equipos de trabajo que desayunamos, comemos y fumamos juntos; y al acabar ¡cañas!, para seguir la farsa: jóvenes, dinámicos, proactivos, felizmente estúpidos. El futuro es nuestro: ¡qué bien, otra vez reunión!