domingo, 3 de agosto de 2008

Semana #7


NOTA: La emisión puede sufrir cortes esporádicos durante el mes de Agosto.

PILDORÓN

Cambio de rutina, por rutina he venido a una ciudad que no es la mía, donde mía significa exactamente eso: nada. Espero ante la puerta 33 a que alguien me abra la cama, en vano. Me desespero y me introduzco en territorios extraños, un editor de texto que no es el usual, un contador de segundos que explicita el costo de escribir, una llamada al móvil que anuncia una nueva llamada. Y es que he detectado que mis textos en papel se los lleva el viento, por eso me refugio en el calor maquinario del ventilador que me dicta en cada ráfaga la nueva palabra a imprimir, el nuevo giro a buscar en este casillero postal donde el absurdo se viste a si mismo para quedar completamente desnudo ante la mirada impasible de enfrente: ese espectador pulcro e inexorable que se calza la toga y golpea con el martillo la hoz que ha de segar mi yugular. No suena la música, tan sólo las teclas de los autómatas de al lado chateando con no se qué chica virtualmente distante de ser suya, donde suya significa exactamente eso: nada. La pulcritud e higiene en la escritura son la antesala de la propia escritura. El ocio, la creatividad y la pasión son la propia escritura, distendida, sin pretensiones, veraz, a veces locuaz, otras más tímida.
Impulsos eléctricos moviendo carne y hueso, poniendo en funcionamiento algo tan simplemente complejo como es este pildorón, primo veraniego del polvorón, que reclama un frappé y un chigarraki para volver a ver, para sentirse bien, para narrar hacia delante lo que necesariamente es del atrás. Siempre lo ya vivido, casi siempre lo ya pensado, pocas veces algo interesante, nunca nada radicalmente nuevo, tan sólo la simiente para que Pulgarcito sepa encontrar mañana el camino de ida. La vuelta es una falacia, ya que atrás no puede existir adelante. Siempre vamos, mas nunca volvemos, toda nuestra existencia se propaga inexorablemente adelante donde recolectamos los frutos del ayer que vamos aprendiendo lección a elección. Importante, en suma, es la propiedad de la acción, nuestra significa exactamente eso: elegida.


domingo, 27 de julio de 2008

Semana #6


Píldora #4

Dentro de casa, los leños crepitan en la chimenea. Fuera llueve intensamente. Para mí, son gotas de palabras ensuciando el límpido folio en blanco. Truenan las ideas. Relampaguean vigorosas las asociaciones, que van a nutrir este texto. Esta aproximación al vacío torna lo blanco en negro haciendo su contraste resaltable: cromáticamente y de algún modo más, me empeño. El papel viene y va. Viene de los árboles, lo manchamos, lo propagamos y él, por sí mismo, se va a morir a cualquier papelera, sea de reciclaje o no. Pero algunas ideas quedan. Al menos a mí se me quedan. De ellas me nutro, sobre ellas trabajo. Sirven para ensuciar más celulosa virtual o vegetal en el camino de la poesía o de la narrativa; de la belleza, del dolor o de una idea deslumbrante: me recuerda que ya acabó la tormenta allá afuera. Voy a salir… Ahora recojo letras de palabras de los charcos y las hilvano para poner FIN

Píldora #21

Abro la puerta de la oficina a las 10:30, allí mi jefe sentado sobre mi mesa mirando su reloj “LLega ud. tarde, muy tarde, Gutiérrez” “Pero si aquí no hay hora de entrada (y menos de salida)” Le alargo el justificante de los análisis “Tome, el recibo del médico” “¿Cómo? ¿Qué médico? Hace dos meses y medio, cuando le contratamos, pasó el reconocimiento en plena forma” “Mentí en mi curriculum” “Eso le puede costar muy caro. Le recuerdo que está en periodo de prueba” “¿Y qué pruebo, la silla y la cafetera? Ud. me paga poco por aburrirme mucho durante doce horas y eso es vil y ruin, consagra mi inutilidad hasta convertirme en un mueble más” El sr Tirado se pone rojo de ira y se yergue en su metro noventa “Queda ud. despedido” “Al fin un poco de dignidad”



domingo, 20 de julio de 2008

Semana #5

Píldora #36

Son menos cincuenta, queda poco para subir la cuesta, entrar en el túnel y salir en otro lugar: fin de semana activo (se está volviendo ritual) de piscina bajo la lluvia, de césped bajo el rock & roll, de una noche cuyas estrellas brillantes se unirán en una cópula brutal con el cielo encapotado, mostrándole su verdadera dimensión: el placer, el gozo, la experimentación, motor de aprendizaje que nutre nuestro imaginario grupal, nuestro surrealismo local hecho de imágenes, hechas palabras, hechas imágenes que se volverán palabras en el intelecto de aquel que reside enfrente. El placer por el placer tantas veces denostado, se troca hoy superación de nuestra angustia vital. La sola idea de las gotas del mar cayendo sobre la superficie de la piscina y nuestros cuerpos desnudos descubriéndose en ella, me pone a gozar. Tan sólo quedan cincuenta minutos para empezar a vivir…

Píldora #28

Hay en este mundo un curioso aparato que permite comunicar mundos distantes: el teléfono. LLamo a un móvil para preguntar por unas cajoneras de segunda mano y una voz femenina me indica que están en Pozuelo. Yo las imagino expuestas sobre la tierra de un chalet, tal y como solían estar los 600 viejos en el de mi tío. Pregunto precio y características: son de haya, de entre 20 y 30 euros. Me llamará ella para cerrar detalles. Ya veo mi estudio con su nuevo mueble y todos los papeles por fin accesibles y ordenados a mi manera. Al rato suena mi móvil, es Victoria, las cajoneras están en un parque empresarial, son 50 eurazos cada y del haya sólo queda el frontal: son jodidamente grises e impersonales. Aquel chalet de mi infancia, tenía piscina para el verano. En su recuerdo me sumerjo, mientras sobrellevo la inseparable distancia del teléfono.

domingo, 13 de julio de 2008

Semana #4


Píldora #18

Sábado de madrugada, mi momento favorito para escribir: alarga la noche y araña presencia al domingo. La casa está en orden, mi desorden, la música inunda el espacio a raudales. Afuera no hace frío, pero policía y bomberos patrullan las calles en busca de no sequé nuevo incidente. Dentro la tranquilidad del hogar adereza mi vivencia y yo se lo agradezco componiendo estas diez líneas. Desde esa tranquilidad se escribe, no se como escribirlo, más tranquilo quizás. Más dentro de mí se nota el cansancio, pero eso no atenaza el pensamiento, sólo lo ralentiza. Invita a fundirse con la cama hasta que mañana, por fin, no suene el despertador, no haya desayuno, ni hora de comer. Los domingos están hechos de pereza. Yo ni lavo el coche, ni voy al cine desde la última vez, y de eso hace ya algún tiempo. Mas ahora es tiempo de soñar.


Píldora #33

Jamás entendí a los mayores después de cenar, observando el pronóstico del tiempo. Ni le veía la utilidad, ni comprendía el significado de lo que allí se decía. Ni siquiera aquel verano en la cornisa cantábrica, cuando el dueño de una tienda-bar describía sol y nubes como mañana huevos fritos otra vez. Cuando fui entendiendo que era eso de las isobaras, la fuerza cuatro y toda la parafernalia, podía recibir la información meteorológica, pero al acabar no me acordaba de media palabra. Así que adopté este criterio: el año meteorológico comienza el primer día que uno ve un tirante, ahí nos quitamos capas (hasta llegar a la piel). La lluvia cae de forma aleatoria, por eso todos los días antes de salir de casa, se saca la mano por la ventana (para ver si llueve) Y cuando empiezas a pasar frio de noche, es síntoma del cambio de ciclo: capas otra vez.

domingo, 6 de julio de 2008

Semana #3


Píldora #35

Hay quienes para relajarse se dan una ducha, preparan una tila, se plantan delante de la tele o cogen un “buen” libro. Yo desbordado por mi frenesí, preparo té y me pongo a teclear delante de una pantalla con el claro objetivo de ir bajando pulsaciones una a una, de dejar marchar lo que no es mío. Tras cada tecla, cada palabra, noto como mi pensamiento se ralentiza, se aclara. Entonces doy un sorbo al té y preparo el siguiente enfoque, la próxima estructura que veré frente a mí. Borro, repinto, sigo elaborando un texto más: una nueva y vieja cadena que me une a mi mismo. E indefectiblemente a estas alturas de escrito, el papel da un giro sobre sí mismo e imprime un estilo diferente a la pluma. Pero a mí ya no me importa, mi objetivo está conseguido. Listo para fluir hacía delante sin la carga de esa velocidad corolaria de la modernidad.


Píldora #22

Estos días, mis amaneceres resultan un poco revueltos. En primera convocatoria me estoy despertando a las cuatro o las cinco de la madrugada. La segunda es a las siete y cuarto y no es hasta que suena la tercera, diez minutos después, que me levanto de la cama. Y a partir de ahí se borra todo, no recuerdo en que he mojado los croissants, ni si he frito el pollo ayer, hoy o mañana; nada, no quedan imágenes de ese doloroso periodo que es siempre prepararse para el trabajo. Pero mágicamente, al trascurrir el día, a medida que voy invocando a los objetos, todos acuden desde su sitio habitual en mi ayuda: un libro para el metro, el pendrive, el almuerzo (¡ya guisado!), incluso las llaves que abren mi morada marcando el inicio del, corto, tiempo de vida (cocinar y retocar la casa, a mi manera) Ya de noche, a veces sueño con tal o cual amanecer, luego amanezco y luego .

domingo, 29 de junio de 2008

SEMANA #2


Píldora #19

Me quedo parado, en blanco, con la vista fija en la pantalla. Pienso, quiero escribir algo, unas pocas líneas. El reloj avanza, pero eso no me amedrenta. La prisa mata, yo ya no la invito a bailar conmigo (es muy posesiva) Siempre que puedo dejo a las tareas que se desgranen, que se vayan hilvanado sobre el tiempo, que avanza inexorable envejeciendo los dedos que teclean, cargando con el fardo de la historia al cerebro que toma decisiones. Somos seres inscritos en un tiempo: nacemos, vivimos y morimos. Por ello es tan sabroso pararse a no hacer nada, a perder ese tiempo tan escaso y valioso. Dormir, descansar y aguardar agazapados al momento de la acción. Frente a la vorágine que toma las decisiones bajo stress y en tiempos críticos, frente a eso, el lienzo en blanco que se acaba tiñendo con motas negras, si le dejas…

Píldora #13

Esta mañana un compañero de trabajo ha muerto. Le llamaría para ver cómo está, pero además de no tener su número, está muerto. Todos temimos por quién iba a hacer ahora su labor, mas la jefatura lo dejó cual guadaña en el aire. De momento yo sigo escribiendo, oreando mi pensamiento, buscando divertimiento. Sé que llegará un día en que el muerto vuelva por su asiento, y si no es él será otro. Se (re)abrirá la relación: compartir teléfono, mesa y mantel, charlar de cosas banales o de asuntos técnicos, preguntándonos por qué, si los dos hacemos lo mismo, uno gana menos y el otro gasta más. Ya conocen el dicho: nadie es imprescindible, parece que todo es efímero. Sin embargo los años suceden a los días y, en ese devenir, la cara del que calienta el asiento de al lado, tantas veces denostada, se nos vuelve familiar, hasta tiene un nombre: Gonzalo.

domingo, 22 de junio de 2008

Semana #1

Píldora # 20

Es primavera, pero hoy no llueve. Es más, el sol radiante augura un pronto arranque de la temporada de tirantes. Yo camino desnudo sobre la tierra, observando, mimetizándome con los alrededores. Mis pies entran en contacto con la yerba fresca, en la que decido reposar. Me siento a pensar y alguien me trae una taza de java caliente. De fondo suena la música de una de tantas emisoras de radio que yo no he sintonizado. La gente pasa distraída, ensimismada en sus conversaciones o degustando manjares. No me molestan y parece que tampoco yo a ellos. Me abstraigo a mi mundo. Pronto veo mis ideas hechas palabras sobre jirones de nubes, me enderezo y voy tomando de aquí y allá hasta conseguir un pensamiento ordenado, escrito un palmo por encima de mi cabeza en la materia de los sueños, un sueño materializado.


Píldora #5

Me levanto dormido, enciendo el móvil. El móvil sigue dormido. Trato de nuevo, en vano, de encenderlo presionándole: ¡no! ¡no! De repente, él solo amanece, se ilumina y escupe un sms con una mezcla de palabras en francés, inglés, sánscrito y árabe clásico. Descubro que en realidad es un mms y uso el protocolo wap para conectarme, a través de mi obsoleto terminal, a la red mundial. Allí chino, danés y arameo. Efectivamente, por lo poco que entiendo, parece una carta dirigida a mí. Cuando la termino, descubro, con esperanza, la posibilidad de leerla en esperanto. ¡Broma pesada! mi operador me invita (solo este mes) al plan renove: cambiar de móvil antes de que éste se muera del todo. No tengo ni paciencia, ni ganas de aprender a manejar un nuevo aparato más. Así que desayuno, me visto, me echo mi viejo teléfono al viejo bolsillo y salgo a Babel.