domingo, 7 de septiembre de 2008

Semana #11

Píldora #40:

Espacio en blanco de casi una hora. Miro mi cogote y en él siento, caliente, mi propio aliento. Me apetece dormir, mas no encuentro la postura adecuada. Me quedaría quieto murmurando otra eternidad, visionando imágenes hipnagógicas, esperando la próxima generación de sofás. Me turba este sueño, me induce a pensar en extrañas configuraciones de seres junto a mí. Cuando abro los ojos, siempre estoy asustado ante la posibilidad de que en esa fracción de segundo el mundo haya colapsado. Y cada despertar es igual que el anterior, una mezcla de placer y pavor al encontrar todo cómodamente instalado en su sitio, por los años de los años. Entonces azuzo mi mente y la entretengo un rato, pasando las imágenes a un soporte más fácil de manejar. No pinto mis sueños, tan sólo los plasmo en acciones concretas (cuando no me disparan)


Píldora #32

LLego ante la puerta del dentista, no sin pavor ante mi inminente limpieza de boca. Yo sé que es un procedimiento rutinario, pero las cosas se complican en la recepción. He de rellenar tal formulario que ahora saben hasta el nombre de mi perra. Es más, firmo el consentimiento para cualquier tipo de intervención dental o no. Tras una tensa espera, una azafata me conduce al matadero, allí una bata blanca sonríe con cuarentaytantas piezas igualmente blancas, expulsa a la bata verde del lugar y echa el pestillo. Introduce una variada suerte de aparatos indoloros en mi boca que mira al cielo y finalmente cuando acaba, dice que hay que probar la eficacia de la limpieza: sube sobre mí al sillón y comienza a besarme pasando su lengua por mis dientes y muelas. Al poco concluye, este tratamiento son diez mil, si quieres uno completo serán treinta mil. Y yo ya he dado mi conformidad...

domingo, 31 de agosto de 2008

Semana #10


Píldora #44

Me queda media hora de batería, el cerebro me zumba fuerte, la orientación espacial gravita hacia el suelo a ritmo vertiginoso, los ojos apenas si pueden leer estas líneas que estoy escribiendo. No como, no duermo, casi ni defeco, sólo observo el mundo adhiriéndome a él con la insistencia de una ventosa falta de cariño. Y llevo muchas medias horas así, suspendido, aguardando el momento de la total desconexión y de la reparación. Estoy en observación, por ser mi primera vez. Cuando me desmaye, entonces y sólo entonces, me enchufarán a la red y me reconstituirán los iones, podré cantar alto cuando alguien llame, pitar cuando venga el cartero y conectarme a internet u oír música en los ratos muertos, también hacer fotos exóticas con mis 2 megapíxeles.


Píldora #45

Juega España un nuevo partido de cuartos, yo ajeno escribo al frescor de la ventana abierta en la víspera de San Juan. No se oye ni un ruido, España no marca, quizás su rival sí, pero nadie sale a la calle a llorar. Sólo llega hasta mí el sonido lírico de aquella primavera del amor donde no reinventamos, pero si disfrutamos la comuna, nuestro propio gueto social. Nuestra manera de habitar un espacio cerrado sobre si mismo en el que la única huida era la locura. Ahora estoy sólo, la gente me retrotrae a aquel tiempo y me entristece el recuerdo del fracaso de la práctica, aplastada por la fútil teoría de la emancipación. Fracasamos sí, pero lo intentamos, nos plegamos a un orden imponiendo nuestro desorden de horarios y hábitos. Y el sonido de aquella comuna alimenta nuevos sueños, nuevos retos que vivir.

domingo, 24 de agosto de 2008

Semana #9

Píldora #17

Suena el despertador a las siete: una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces en una sola semana. En verano será aún peor, el terror acecha, lo hará a las seis. En la lata subterránea, te fundes con el sudor ajeno hasta que alguien te empuja fuera. Y llegas a por tu pan, bendecido en la muerte de cada día, y borras toda expresividad de tu semblante: vistes y te comportas correctamente. Ves toda esa gente junta, tan separada. Esa asfixiante atmósfera de presión cae sobre ti. Sientes los ojos clavados en tu figura y en tu pantalla. Todos aparentan hacer, todos miran lo que tú haces. El lado bueno es cuando el del cumpleaños trae pasteles y todos celebramos que lo haga, porque lo debe hacer. Somos equipos de trabajo que desayunamos, comemos y fumamos juntos; y al acabar ¡cañas!, para seguir la farsa: jóvenes, dinámicos, proactivos, felizmente estúpidos. El futuro es nuestro: ¡qué bien, otra vez reunión!

domingo, 10 de agosto de 2008

Semana #7


Píldora #47

Recuerdo el tiempo de la infancia con aquellas grandes campanas por cuyos orificios se lanzaban botes y botellas que se rompían en su interior para deleite con el estruendo producido. Cuando la leche aún era leche e iba en botella de vidrio o en bolsa de plástico; el envase de cartón, metalizado por dentro, era un proyecto que auguraba un futuro sin futuro (para la leche y sus afines). Pues bien, dos décadas más tarde, han proliferado una suerte de setas amarillas en las calles. Primero vinieron unas tomadas de la incipiente moda del reciclaje, que la gente llenaba de objetos variopintos y luego prendía fuego. Cuando no eran calcinadas, un camión venía, las vaciaba y se iba en busca de las siguientes. Después, hace cosa de días o semanas han aparecido en masa otras casi extintas, con forma de glande y un orificio para meter cartas de amor. ¡En plena era del gmail!

domingo, 3 de agosto de 2008

Semana #7


NOTA: La emisión puede sufrir cortes esporádicos durante el mes de Agosto.

PILDORÓN

Cambio de rutina, por rutina he venido a una ciudad que no es la mía, donde mía significa exactamente eso: nada. Espero ante la puerta 33 a que alguien me abra la cama, en vano. Me desespero y me introduzco en territorios extraños, un editor de texto que no es el usual, un contador de segundos que explicita el costo de escribir, una llamada al móvil que anuncia una nueva llamada. Y es que he detectado que mis textos en papel se los lleva el viento, por eso me refugio en el calor maquinario del ventilador que me dicta en cada ráfaga la nueva palabra a imprimir, el nuevo giro a buscar en este casillero postal donde el absurdo se viste a si mismo para quedar completamente desnudo ante la mirada impasible de enfrente: ese espectador pulcro e inexorable que se calza la toga y golpea con el martillo la hoz que ha de segar mi yugular. No suena la música, tan sólo las teclas de los autómatas de al lado chateando con no se qué chica virtualmente distante de ser suya, donde suya significa exactamente eso: nada. La pulcritud e higiene en la escritura son la antesala de la propia escritura. El ocio, la creatividad y la pasión son la propia escritura, distendida, sin pretensiones, veraz, a veces locuaz, otras más tímida.
Impulsos eléctricos moviendo carne y hueso, poniendo en funcionamiento algo tan simplemente complejo como es este pildorón, primo veraniego del polvorón, que reclama un frappé y un chigarraki para volver a ver, para sentirse bien, para narrar hacia delante lo que necesariamente es del atrás. Siempre lo ya vivido, casi siempre lo ya pensado, pocas veces algo interesante, nunca nada radicalmente nuevo, tan sólo la simiente para que Pulgarcito sepa encontrar mañana el camino de ida. La vuelta es una falacia, ya que atrás no puede existir adelante. Siempre vamos, mas nunca volvemos, toda nuestra existencia se propaga inexorablemente adelante donde recolectamos los frutos del ayer que vamos aprendiendo lección a elección. Importante, en suma, es la propiedad de la acción, nuestra significa exactamente eso: elegida.


domingo, 27 de julio de 2008

Semana #6


Píldora #4

Dentro de casa, los leños crepitan en la chimenea. Fuera llueve intensamente. Para mí, son gotas de palabras ensuciando el límpido folio en blanco. Truenan las ideas. Relampaguean vigorosas las asociaciones, que van a nutrir este texto. Esta aproximación al vacío torna lo blanco en negro haciendo su contraste resaltable: cromáticamente y de algún modo más, me empeño. El papel viene y va. Viene de los árboles, lo manchamos, lo propagamos y él, por sí mismo, se va a morir a cualquier papelera, sea de reciclaje o no. Pero algunas ideas quedan. Al menos a mí se me quedan. De ellas me nutro, sobre ellas trabajo. Sirven para ensuciar más celulosa virtual o vegetal en el camino de la poesía o de la narrativa; de la belleza, del dolor o de una idea deslumbrante: me recuerda que ya acabó la tormenta allá afuera. Voy a salir… Ahora recojo letras de palabras de los charcos y las hilvano para poner FIN

Píldora #21

Abro la puerta de la oficina a las 10:30, allí mi jefe sentado sobre mi mesa mirando su reloj “LLega ud. tarde, muy tarde, Gutiérrez” “Pero si aquí no hay hora de entrada (y menos de salida)” Le alargo el justificante de los análisis “Tome, el recibo del médico” “¿Cómo? ¿Qué médico? Hace dos meses y medio, cuando le contratamos, pasó el reconocimiento en plena forma” “Mentí en mi curriculum” “Eso le puede costar muy caro. Le recuerdo que está en periodo de prueba” “¿Y qué pruebo, la silla y la cafetera? Ud. me paga poco por aburrirme mucho durante doce horas y eso es vil y ruin, consagra mi inutilidad hasta convertirme en un mueble más” El sr Tirado se pone rojo de ira y se yergue en su metro noventa “Queda ud. despedido” “Al fin un poco de dignidad”



domingo, 20 de julio de 2008

Semana #5

Píldora #36

Son menos cincuenta, queda poco para subir la cuesta, entrar en el túnel y salir en otro lugar: fin de semana activo (se está volviendo ritual) de piscina bajo la lluvia, de césped bajo el rock & roll, de una noche cuyas estrellas brillantes se unirán en una cópula brutal con el cielo encapotado, mostrándole su verdadera dimensión: el placer, el gozo, la experimentación, motor de aprendizaje que nutre nuestro imaginario grupal, nuestro surrealismo local hecho de imágenes, hechas palabras, hechas imágenes que se volverán palabras en el intelecto de aquel que reside enfrente. El placer por el placer tantas veces denostado, se troca hoy superación de nuestra angustia vital. La sola idea de las gotas del mar cayendo sobre la superficie de la piscina y nuestros cuerpos desnudos descubriéndose en ella, me pone a gozar. Tan sólo quedan cincuenta minutos para empezar a vivir…

Píldora #28

Hay en este mundo un curioso aparato que permite comunicar mundos distantes: el teléfono. LLamo a un móvil para preguntar por unas cajoneras de segunda mano y una voz femenina me indica que están en Pozuelo. Yo las imagino expuestas sobre la tierra de un chalet, tal y como solían estar los 600 viejos en el de mi tío. Pregunto precio y características: son de haya, de entre 20 y 30 euros. Me llamará ella para cerrar detalles. Ya veo mi estudio con su nuevo mueble y todos los papeles por fin accesibles y ordenados a mi manera. Al rato suena mi móvil, es Victoria, las cajoneras están en un parque empresarial, son 50 eurazos cada y del haya sólo queda el frontal: son jodidamente grises e impersonales. Aquel chalet de mi infancia, tenía piscina para el verano. En su recuerdo me sumerjo, mientras sobrellevo la inseparable distancia del teléfono.